Nominación de Juan Espadas Cejas, alcalde de la muy desarbolada ciudad de Sevilla, a los Premios Atila del año 2019.

Ecologistas en Acción vuelve a convocar los Premios Atila, premios para condecorar a los personajes o instituciones que más han trabajado para destrozar nuestro medio ambiente, contribuyendo con eficacia a promover el cambio climático.

La Plataforma SalvaTusÁrbolesSevilla, en adelante PlaSTAS, tiene el inmenso deshonor de nominar para el premio Atila, en cualquiera de sus modalidades o categorías, al alcalde de nuestra ciudad, Juan Espadas Cejas.

Los siete méritos capitales que alegamos para su nominación están debidamente acreditados y documentados y a disposición del jurado. A saber:

1. Desparpajo en el uso de la moto-sierra.

Amparándose en un informe del 2015, al que no ha tenido acceso la ciudadanía, y en el que se le adjudicaba a cada árbol un nivel de riesgo: 1, 2, 3 o 4, más de 4200 árboles han sido talados en Sevilla. El mencionado informe establece una taxonomía de peligrosidad que no se corresponde con ninguna otra de índole científico en materia arbórea en ningún otro lugar del mundo. El informe y la taxonomía han sido cuestionados por numerosos expertos de esta ciudad y de nada ha servido la solicitud de una revisión. Sorprende que los ejemplares de nivel 4, unos 3000, que tenían que ser talados de forma irreversible porque suponían un riesgo inmediato y atroz para la población, hayan estado desde el 2015 en nuestras calles sin que se tomara medida de protección alguna para los viandantes. Las talas tuvieron su punto álgido en los meses de Julio y Agosto de 2108, aunque no han dejado de producirse hasta la actualidad, con lo que estimamos que cabría aplicar el agravante alevoso de veranicidad.

 2. Despendole en la deconstrucción arbórea.

No solo de la tala vive la moto-sierra, también de la deconstrucción arbórea. Hay ejemplares en esta ciudad que sólo alguien muy experto podría llegar a identificar. De algunos no sabemos si además de tronco tendrán raíces, pues dan la impresión de estar clavados a martillazos en el suelo, semejando puros palos. Otros tienen forma de tirachinas. Los más muestran muñones o solo alguna rama principal. Cuando llega la primavera, los que consiguen sobrevivir, sacan como pueden hojas hasta en el tronco de asfixiados que están, y ramas débiles que se volverán peligrosas y acabaran por caer. El círculo está cerrado. Se declarará peligroso y será talado. Las llaman podas pero no son sino mutilaciones que anticipan su muerte.

 3. Contumacia en el estrangulamiento de árboles.

Este método de eliminación de arboleda es más sutil, sibilino, inadvertido, silencioso, que la escandalosa moto-sierra, pero no por ello menos efectivo. Consiste el asunto en adoquinar o cementar el alcorque del árbol justo hasta tocar el tronco. El decaimiento posterior es evidente en muchos de ellos. Se cuentan por miles los árboles en esta situación que, inútiles de ellos, recordemos que todo lo que pasa a un árbol es culpa suya, no salen corriendo cuando los asfixian.  Cuando el decaimiento se vuelve irreversible, ya saben, declaración de peligroso. Kaput.

 4. Coleccionismo desmedido de alcorques vacios.

Las calles de Sevilla están plagadas de alcorques vacíos. Habría muchos más si no se hubieran o hubiesen tapados. Dió su palabra pública el Director de Parques y Jardines, Adolfo Fernández Palomares, de que no quedaría uno solo vacío en nuestras calles al acabar su mandato. Se ha afanado en reducir el número y tapar alguno, pero aún así se estiman en unos 14.000 los actuales. La mayoría de ellos sin destoconar siquiera, no vaya a ser que a algún incívico miembro del vecindario le dé por plantar algo. Solo el coleccionismo compulsivo de alcorques vacíos por parte de nuestro alcalde, puede explicar que no lo haya cesado en el cargo. Y como de aquellos polvos vienen estos lodos, no está mal recordar que lo nombró después de que en su época de director del Parque del Alamillo, hubiera talado nada menos que 600 pinos.

Y hablando de alcorques, y de las hierbas que en ellos crecen, no podemos dejar de mencionar que en este mandato sí se produjo un acierto en gestión verde, no todo van a ser críticas. En Abril de 2016 se prohibió el uso de glifosato en la ciudad. Dos años después, en Mayo de 2018, se volvió a autorizar su uso.

Dice un dicho muy dicho que es sabio el que rectifica sus errores. Por pudor, y por otras cuestiones más peliagudas, no nos atrevemos a calificar al que rectifica sus aciertos.

 5. Seguimiento compulsivo del dicho: obras son amores y no buenos arbóles. (nótese la tilde en la o)

Como diría el más avezado de nuestros demócratas políticos, esta ciudad se ha dotado de una ordenanza de arbolado ejemplo de generaciones venideras. La misma puede ser aplicada contra usted, multable ciudadano, si osa apoyar una bicicleta en un tronco aunque sea de deconstruido árbol, pero no es aplicada nunca, que sepamos, si un árbol se interpone en una obra, y menos aún si es municipal. No tenemos constancia de sanción alguna por su incumplimiento, y son numerosos los casos documentados de corte de raíces, podas mutilantes, caída de árboles o simple orden de tala de ejemplares sanos. ¿Para qué van a contemplarse, en un proyecto de remodelación de una calle o plaza, los árboles existentes?. Como mobiliario urbano han sido definidos y como mobiliario urbano son tratados.

De nada han servido avisos, comparecencias públicas, comunicaciones o denuncias. El cemento impera. Si el jurado lo estima conveniente podríamos añadir varios casos que por su extensión no nos atrevemos a añadir a este ya largo y penoso escrito.

6. Sordera selectiva sostenida en el tiempo.

Si en algo somos libres es en la posibilidad de gritar, y lo hemos hecho. En las calles, en los plenos, en las redes y hasta en nuestras casas, con la consiguiente hartura de nuestros seres queridos, pero no oyen, y si oyen no escuchan, y si escuchan lo disimulan tela de bien.

Hemos pedido el inventario de arbolado de la ciudad (SIGAS), que el pleno de Sevilla aprobó por unanimidad hacer público, y se nos niega. No hay manera de saber oficialmente cuántos árboles hay en esta ciudad ni dónde están, cuántos alcorques vacíos hay, cuántos tapados.

Hemos pedido conocer el listado de plantaciones que han hecho aprisa y corriendo en estos últimos meses para acallar el run-run de las talas y tururú. Vemos secarse los escasos árboles que plantan y de nada sirve pedir el plan de riego.

En definitiva, hemos preguntado, pedido tanto, en tanto sitio, y tantas veces, y con tan nulo resultado que hemos llegado a la conclusión de que no oyen. Lo contrario sería suponer que se están incumpliendo todas las normas de transparencia y eso, como ya sabemos, es imposible en una sociedad democrática como la que disfrutamos.

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7. Usurpación manifiesta de las palabras más hermosas, perpetración de la foto más absurda, o creación de la metáfora más patética.

Puede parecer insignificante este mérito añadido para la concesión del premio, pero no puede olvidarse que además de alcalde, el nominado, es el presidente de la Red española de ciudades por el clima.

Escucharlo hablar, en prensa, televisión y redes, de sostenibilidad, revolución verde, gestión ambiental, lucha contra el cambio climático, ecología, y muchos etcéteras verdes más, mientras contemplábamos y aún contemplamos caer miles de árboles de nuestra ciudad, reducidos a muñones muchos de ellos, acosados y maltratados, es tal suplicio que creemos cumplidos de sobra casi todos los requisitos del punto siete de las bases de este premio, en especial los de “ignorancia manifiesta, falta de pudor y vergüenza ajena”

A ello han ayudado en numerosas ocasiones dos de sus más estrechos colaboradores en todo este asunto. De una parte el delegado de medio ambiente, David Guevara, del que no  conservamos ninguna foto cuando se ha talado un árbol, pero sí cientos de ellas cada vez que en esta ciudad se ha plantado un palito con hojas. Cómo olvidar aquella en la que con inconfundible maña tiene cogido el palín de plantar al revés.

De otra parte, el Delegado de Hábitat Urbano, !Urbanismo vaya!, Antonio Muñoz, no solo es el responsable de las obras de esta ciudad y sus tristes consecuencias. Es además creador del siguiente giro lingüístico, al ser reprendido en un pleno municipal por la prevista tala de 11 melias sanas, para ocupar una plaza pública y colmarla de veladores: “Tengan ustedes la garantía de que más que apear vamos a sustituir, por decírselo de alguna manera”


Epílogo que narra el estado de la ciudad y que contiene un alegato sobre el árbol urbano, sobre su desprotección, sobre la manera en que podría protegerse y en qué eficaz manera contribuiría a todo ello que Juan Espadas Cejas obtenga el premio.

En esta ciudad hay miles de aceras agujereadas de alcorques vacíos, muchas sin sombra alguna.  Hay tocones de árboles en parques declarados BIC , que proceden de hermosos ejemplares que fueron talados sin piedad y sin aplicar medidas correctoras que podrían haberlos salvados. Es el sangrante caso de los eucaliptos rojos del Parque de María Luisa. Hay parterres, por cientos, cementados o sustituidos por césped artificial. Hay aves desorientadas, que están en muchos casos en época de cría, cuando se talan o mutilan sus árboles. En definitiva, un aire cada vez más irrespirable, un calor cada vez más asfixiante y una situación que, de no remediarse, amenaza con colapsar climáticamente esta ciudad.

 Entendemos que dado que los problemas medioambientales de nuestro país son muchos y acuciantes, el tema de la conservación del arbolado urbano pueda parecer un tema menor y que, en consecuencia, el desastre de gestión, apenas esbozado, no parezca merecer la consecución de este premio. A tal respecto queremos hacer las siguientes observaciones:

– En la actualidad la mayoría de la población del país vive en las ciudades. Raramente sale de ella si no es en vacaciones. Los efectos de la falta de arbolado y de los beneficios que conllevan afectan de forma constante a los ciudadanos, de forma especial a los de los barrios degradados, y en ciudades grandes, como es el caso de Sevilla, más aún. Su ubicación en una depresión del terreno que la circunda no hace sino favorecer la cada vez más visible nube negra que la cubre.

– En muchos, muchísimos, Kilómetros cuadrados alrededor de Sevilla lo que predomina es un terreno de relieve llano y fértil.  Aunque cada vez con menor presencia de agua, predominan extensiones de cultivos intensivos con todo lo que eso conlleva: uso de pesticidas, ausencia de arbolado, pues hasta las riberas de los arroyos son quemadas cada verano, y pérdida de hábitat para numerosos animales. En este sentido, la buena conservación de arbolado urbano permite la supervivencia de numerosas especies, en especial aves que encuentran en él un oasis donde descansar en migración o donde anidar.

– Por último, y aunque insuficientes, existen diversas medidas de protección legales de ámbito autonómico, nacional o europeo del medio ambiente cuando se trata de proteger una Zepa, un LIC, un parque natural, o un río de una tropelía. Todas esas normas están fuera de la ciudad. En la ciudad no existe ningún tipo de normativa autonómica ni nacional que proteja el arbolado urbano. En la mayoría de las ciudades españolas, y en el mejor de los casos, es una exigua ordenanza de arbolado la única salvaguarda de protección, con el inconveniente añadido de que quien ha de hacerla cumplir es frecuentemente el mismo que la incumple. Creemos urgente la redacción de una ley nacional de arbolado que no deje en manos del alcalde de turno la conservación del arbolado. La misma dotaría a las asociaciones ecologistas, y a la ciudadanía en general, de herramientas con las que luchar de forma más eficaz contra la gestión inadecuada del patrimonio verde de las ciudades.

Entendemos que la concesión de este premio a un alcalde, hay otros muchos en muchas ciudades españolas, que ha permitido tal arboricidio podría favorecer la conservación del arbolado urbano y hacer visible su importancia y la necesaria redacción de una ley de ámbito nacional.

Y este alcalde no es un alcalde cualquiera, ya lo hemos escrito, es el presidente de la red de ciudades por el clima.


Sin más que añadir, o sí pero no acabaríamos nunca, y con mucho aún por lo que llorar, los PlaSTAs damos por nominado a Juan Espadas del que, como resumen, no podemos afirmar que por donde pasa su caballo no crece la hierba, pero sí que por donde pasa su gestión crece el césped artificial.

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Un comentario en “Nominación de Juan Espadas Cejas, alcalde de la muy desarbolada ciudad de Sevilla, a los Premios Atila del año 2019.”

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